Considero que como ser humano siempre estamos midiendo, evaluando, aunque no registremos nuestras observaciones.
Los nuevos enfoques de la evaluación nos marcan la pauta para involucrar a nuestros educandos en el establecimiento de metas, así como en apoyar y fomentar una participación social a fin de contribuir a una sociedad más integradora.
En la búsqueda de resultados concretos medimos en lugar de evaluar el proceso de enseñanza - aprendizaje, ya que sólo obtenemos una cifra que nos indica lo que el niño fue capaz de memorizar o mejores casos lo que entendió, pero no valoramos los esfuerzos que hizo para avanzar un peldaño, en esta medición excluimos actitudes, aptitudes, habilidades y destrezas que ha adquirido el niño con la convivencia diaria.
Coincido en que una evaluación que integre el aspecto cuantitativo y cualitativo de manera ética por parte de nosotros los profesores, nos conduciría a la mejora de nuestra labor docente.
Por otro lado debemos considerar que la educación no termina con la adquisición de conocimientos, sino que abarca actitudes y valores y se prolonga por toda la vida.
Es de suma importancia tomarnos todo el tiempo necesario para realizar la evaluación como una valoración completa de nuestros alumnos, aun cuando sabemos que no será exacta siendo esta cualitativa y cuantitativa.
Durante el proceso de evaluación de la enseñanza - aprendizaje podemos encontrar un aspecto natural " el error" que como instrumento de aprendizaje contribuiría al cambio y la mejora del proceso educativo, pero en nuestro poder muchas veces solo es tomado como equivocación o ignorancia del individuo evaluado y no le damos el seguimiento para que del error surjan nuevos aprendizajes.
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